Alba de Tormes

Alba de Tormes
Vista de Alba de Tormes. Anton van den Wyngaerde, 1570.

martes, 11 de noviembre de 2014

REUNIÓN MAUX EN ALBA DE TORMES

El pasado 14 de junio celebramos una reunión anual más, en esta ocasión en Alba de Tormes, los componentes del curso preuniversitario 68-69 del Colegio María Auxiliadora de Salamanca.
La importancia de la Villa a lo largo de la historia es manifiesta. Así, en 1140 recibe Fuero propio del rey Alfonso VII y se convierte en señorío de realengo; ya en el siglo XV, concretamente en 1430, el rey Juan II dona el señorío al obispo Gutierre Álvarez de Toledo; unos años después, en 1439, se transformará en condado, y en 1469 Enrique IV nombra a don García Álvarez de Toledo primer Duque de Alba.
 

En el siglo XVI, Felipe II encarga al dibujante paisajista flamenco Anton van den Wyngaerde la realización de 62 vistas de pueblos y ciudades de España a partir de 1561; la de Alba es del año 1570, como queda de manifiesto en el ángulo inferior izquierdo de la misma, donde el autor fecha y firma su obra.
 
 
Personajes gloriosos de nuestra literatura vivirán en Alba bajo el mecenzgo de los Álvarez de Toledo, como Juan del Encina que, al servicio del II Duque, en 1492 representa en el castillo su égloga "La noche de Navidad de Nuestro Salvador", considerada la primera obra de teatro moderno; o Lope de Vega que, tras ser desterrado de la corte madrileña, fija su residencia en la Villa, donde en 1594 morirán su esposa y una de sus hijas, enterradas en la iglesia de Santiago; o Cervantes que, con su famoso soneto, gana el premio en los festejos celebrados en el castillo ducal en honor de la beatificación de Santa Teresa; o, también, Calderón de la Barca, secretario del VI Duque entre 1645 y 1649, y Garcilaso, amigo personal del Gran Duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo.
  

A comienzos del último tercio del siglo XIX Francisco Coello refleja en su plano cómo no sólo el Castillo está en ruinas, sino también distintas parroquias, consecuencia en buena medida de la Guerra de la Independencia, al igual que sucedió con el patrimonio de muchos otros lugares.
Y antes de dejar la historia pasada quería referirme a mi relación personal con Alba. En un momento indeterminado de principios del siglo XIX, Vicente Barrado, natural de Calvarrasa de Abajo, y María Martín, de Villares de la Reina, trasladan su residencia a la Villa; aquí nacerá su hijo, mi bisabuelo, Antonio Cipriano Barrado el año 1831, que casó con Matea Polo, albense también de nacimiento, mi bisabuela, de cuyo matrimonio nacerá en 1869 mi abuelo Gabriel.
En 1877 nació igualmente aquí mi abuela, Basilia Martín, contrayendo ambos matrimonio en febrero de 1900, del que nacerá mi padre, Ezequiel Antonio, en su domicilio de la Cuesta del Duque núm. 12 en octubre de 1916.
Este arraigo manifiesto de mi familia paterna en la Villa hizo que la reunión fuera especialmente emotiva para mi; además, uno de los hermanos de mi padre, carmelita descalzo, estuvo muy vinculado al convento de Alba hasta su fallecimiento, aunque tuvo otros destinos a lo largo de su vida, tales como Toledo, Palencia, Medina del Campo o Salamanca, y otros cometidos, como ser el custodio del Brazo de Santa Teresa en su recorrido por toda España en la década de los 60 del siglo pasado, de tal forma que el Ayuntamiento le dedicó su nombre, Padre Raimundo, a una calle de las que delimitan el convento de los padres carmelitas.
 
La reunión coincidió con la VII Feria de San Antonio, por lo que el lugar de encuentro en la Plaza Mayor estaba muy animado con casetas de expositores, sobre todo de cerámica, y muchos visitantes.
Nuestro primer destino era el Museo carmelitano de Santa Teresa; tuvimos mala suerte, ya que sólo pudimos visitar una parte, por lo que algunas de las imágenes más emblemáticas, como la Dolorosa de Pedro de Mena, no estaban en el itinerario hasta la apertura de las nuevas salas del museo la semana siguiente. Éste contará con 900 metros cuadrados y medio millar de piezas, tanto de pintura, como escultura, estandartes, objetos de culto, etc., así como con una sala de audiovisuales y audioguías en diversos idiomas.
 
 
Desde la primavera de 2012 se podía acceder, desde el interior del templo, a los camarines alto y bajo, así como a la "escalera del Duque", antes en clausura.

  
 
   
 
De las siete salas visitables en el momento de nuestra visita, algunas están dedicadas a muestras pictóricas de indudable valor.
 
 
 
También tienen su espacio en los 170 metros cuadrados de exposición diversas esculturas y otros objetos de arte. 
 
 
 
Lo más atractivo, sin duda, y esperado por los visitantes del camarín alto es poder contemplar de cerca el sepulcro actual de Santa Teresa, de mármol negro jaspeado, realizado en 1759 por Jacques Marquet y donado por los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza, a cuyos costados se han colocado el corazón y el brazo incorruptos de la Santa. Años antes, en 1677, se había trasladado el antiguo sepulcro, labrado en piedra de Villamayor, al centro del retablo, en un arco que comunica la iglesia con el camarín alto. Dicho arco se modificó en 1760, recubriéndole de mármoles, para acoger el nuevo antes mencionado. 
 
 
Sería muy interesante, sin duda, dedicar más espacio y más fotografías a la iglesia del monasterio de la Concepción de las Madres Carmelitas Descalzas, pero no es éste el objetivo propuesto; como muestra, la celda conventual de Santa Teresa donde murió el 4 de octubre de 1582, transformada actualmente en una rica capilla.
No me resisto, en cambio, a dejar constancia de una anécdota poco conocida ocurrida con motivo de la visita que el hoy canonizado Juan Pablo II realizó a Alba de Tormes en 1982 con motivo del IV Centenario de la muerte de la Santa y publicada por Salamanca al día el domingo 1 de mayo de 2011.
La sagacidad del P. Raimundo Barrado era proverbial. Y él también se alegró del equívoco (lo consideraba providencial) y, así, quiso dar su explicación de aquello que contó el P. General. Un mes después del suceso, en diciembre de 1982 escribió un papel –transcrito a máquina y firmado por él- que dice así literalmente:
La cosa sucedió así: en el itinerario de la Visita del Papa al Monasterio de las Madres de Alba se excluyó incomprensiblemente su entrada a la celda de la muerte. Iría directamente al Camarín del Sepulcro, entrando por la puerta que comunica la Iglesia y el Convento. En la preparación del viaje Mons. Somalo había pedido a la Comunidad que dispusieran, como se hacía en todas partes, una habitación con servicio, dada la salud del Papa. Todo sucedió según lo previsto; pero al salir, en el jaleo de tanta gente, el Santo Padre se encontró con una monja, a la que pidió le llevase a la habitación. Ella entendió que la pedía le llevase a la habitación de la muerte, situada a pocos pasos de allí. La estrechez del lugar hizo que la monja le llevase a la celda de la muerte sin que nadie se diese cuenta. Al buscar al Santo Padre para seguirle le encontraron solo en la celda, donde la religiosa le había llevado, retirándose respetuosamente. No cabe duda que la Providencia divina anda al quite de nuestras fragilidades, para enderezarlas según sus planes, que por ser más altos que los nuestros, no siempre coinciden.        Fr. Raimundo de la Transverberación.
 
 
 
 
 
 
En la misma plaza de Santa Teresa está también ubicado el convento de Padres Carmelitas, que cuenta de igual forma con un interesante museo, aunque éste de más reducidas dimensiones. Entre las piezas expuestas destacar una Inmaculada, un Crucificado de marfil, un arca que contuvo el cuerpo sin vida de San Juan de la Cruz y un armario relicario donde se guarda, entre otras reliquias, un dedo del santo. 
   
 
De camino hacia el Castillo-Torreón, mis compañeros tuvieron la gentileza de posar bajo la placa de cerámica que identifica la calle Padre Raimundo.
 


En el interior, las cuatro plantas de la torre del homenaje albergan un museo y una sala de frescos renacentistas, todo relacionado, como es de lógica, con la Casa Ducal de Alba, especialmente en lo que atañe a don Fernando Álvarez de Toledo, conocido como el Gran Duque, bajo cuyo mando estuvieron los tercios españoles en las guerras europeas del siglo XVI durante los reinados de Carlos I y de Felipe II. Así se pueden admirar, entre otras obras de arte, un fresco de Cristóbal Passini, "La batalla de Mühlberg", o el escudo de la Casa Ducal en una de las bóvedas.
La batalla recreada en el fresco se libró el 24 de abril de 1547 entre las tropas imperiales mandadas por el Duque de Alba, encabezadas por el propio emperador, y los ejércitos de la Liga protestante de Smalkalda. La victoria católica fue decisiva, ya que propició la desaparición de la Liga y el afianzamiento de la posición política del emperador Carlos en Alemania.
  
 
Un espléndido mirador en lo alto del Torreón permite disfrutar de excelentes vistas panorámicas de toda la villa y contemplar el resultado de las excavaciones arqueológicas efectuadas en el solar del castillo, así como la puesta en valor de algunos de los restos hallados en dichos trabajos. 
 
 
Tras la visita guiada y las explicaciones pertinentes sólo quedaba dejar constancia de nuestro paso por las instalaciones del Castillo antes de acudir a dar buena cuenta de la comida que ya nos esperaba en el Hotel-Restaurante Alameda.
  
 
 
 



Situado a las afueras del casco urbano, en la carretera que conduce a Piedrahita, ofreció la posibilidad de tomar un aperitivo en la terraza exterior esperando a los compañeros que no habían podido acudir desde primera hora; posteriormente, ya en el amplio y luminoso comedor, nos acomodamos en la mesa que teníamos reservada con antelación.
 




 Una vez finalizada la comida (que consistió en unos entrantes para compartir a base de entremeses calientes y fríos, tostas de gambas, queso de cabra y mejillones, más un segundo a elegir entre tostón asado, entrecot de ternera a la pimienta o roquefort y merluza hojaldrada especialidad de la casa, regados con Rioja joven y finalizados con tarta, café y chupitos), tuvimos oportunidad de una excelente sobremesa en la terraza exterior.
Más tarde, algunos compañeros aprovecharon para comprar buen embutido en alguno de los establecimientos especializados, otros para volver a la plaza, centro neurálgico siempre de la villa, más en este día de Feria, otros para dar un paseo y conocer la Basílica inconclusa y la estatua de Santa Teresa obra de Venancio Blanco, otros visitaron pastelerías donde se pueden encontrar almendras garrapiñadas, yemas de Santa Teresa, hornazo, etc., y otros, finalmente, decidieron que debían regresar a sus lugares de residencia, cerrando así una jornada donde en todo momento reinó el buen humor y el compañerismo que siempre están muy presentes en cada uno de nuestros encuentros.
Este fin de semana, segundo de noviembre, que dedico a escribir esta especie de crónica-reportaje finaliza en Aranda de Duero la actual edición de las Edades del Hombre; ya está anunciada la correspondiente a 2015 que se celebrará en Ávila y Alba de Tormes con motivo del V Centenario del nacimiento de la Santa. La exposición en la sede de Alba estará ubicada en la Basílica, según se ha conocido en estos últimos días; será una buena oportunidad para completar la visita al Museo carmelitano de Santa Teresa ya en todo su esplendor y disfrutar con esta nueva edición de arte sacro, muy valorado en todas sus convocatorias anteriores, tanto a nivel nacional como internacional.
 
 
 

 

domingo, 2 de noviembre de 2014

IGLESIA DE LA MAGDALENA. ZAMORA.

Una de las cuestiones que más influyó en su momento para tomar la decisión de comenzar este blog fue la de dedicar una entrada a la iglesia, románica ¡cómo no!, de La Magdalena en Zamora. La idea se fue retrasando, no obstante, porque no disponía del material fotográfico que consideraba imprescindible para acometer la tarea, pero, afortunadamente, esta mañana obtuve la autorización precisa para fotografiar el interior y, de esta manera, poder hacer realidad aquella ilusión inicial.

Fachada sur de la iglesia de La Magdalena. Zamora
Sería difícil establecer un orden de prioridades a la hora de catalogar a los templos románicos de Zamora capital en cuanto a importancia constructiva o belleza decorativa, no en vano superaban los setenta (1) en época medieval, de los que todavía más de una veintena se conservan en la actualidad; obviando la catedral, que empleando el argot ciclista sería un puerto de "fuera de categoría" o "categoría especial", cada uno de los demás destacaría por una o varias características: San Claudio, Santa María la Nueva, San Cipriano, San Juan de Puerta Nueva, la Horta, Santo Tomé, etc.. Si tenemos en cuenta además que en estos últimos años han sido restaurados la inmensa mayoría, muy acertadamente desde mi punto de vista,  por el proyecto cultural "Zamora Románica", la elección se presenta complicada. Particularmente, no obstante, siempre he sentido debilidad por la iglesia de La Magdalena.

Cruz de Malta o de San Juan en lo más alto de la espadaña.

Construida en la segunda mitad del siglo XII y finalizada a comienzos del XIII, hay quien opina que en su origen perteneció a los templarios, de lo que no se tiene constancia documental; la mayoría de expertos señalan, por contra, que desde un principio perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén o que al menos fueron los hospitalarios quienes finalizaron la construcción.

Ábside semicircular.

Situada en lo que se conocía entonces como "carral maior" (2), que unía las puertas Óptima o de Olivares con la Nueva del primer recinto amurallado, es de una sola nave, con ábside semicircular y torre a los pies.
El ábside tiene menor altura que la nave y presenta cuatro columnas sobre zócalo; en las tres calles centrales, unos ventanales, ciegos los dos laterales, con arcos de medio punto sobre columnas de capiteles vegetales, apoyan sobre una imposta que anilla las columnas, mientras que una segunda imposta prolonga los cimacios de los arcos.

Alero del ábside decorado con canecillos.
Canecillos que sustentan la cornisa de la fachada meridional.
La cornisa del ábside está sustentada por canecillos con decoración muy variada, mientras que los situados en la fachada meridional son más uniformes, de tipo troncopiramidal con decoración vegetal.

Canecillos del ábside.

Portada occidental.


En el hastial de poniente se abre una sencilla portada con dos arquivoltas adornadas con boceles, la del exterior sobre columnas con capiteles vegetales. Está descentrada debido a la torre desmochada sobre la que se alza la espadaña.

Rosetón de la fachada occidental.

Sobre la puerta, un rosetón de ocho arcos que guarda cierto parecido con el famosísimo y emblemático de la iglesia de San Juan de Puerta Nueva.

Portada meridional.

La entrada principal al templo es la meridional, seguramente la más hermosa del románico zamorano. Tiene un arco polilobulado adornado con variada decoración vegetal, chambrana adornada con cabecitas humanas sonrientes y cuatro arquivoltas apoyadas sobre columnas. 

Chambrana de la portada meridional. Detalle.

Mascarón de rasgos felinos en la clave de la arquivolta exterior.


Obispo o Abad en una de las dovelas de la primera arquivolta.

Rostro sonriente en la clave de la primera arquivolta.




Fundamentalmente, la decoración de las cuatro arquivoltas es vegetal; así, en la primera y en la segunda predominan grandes hojas de bordes lobulados, en la tercera hay hojas grandes y anchas y en la exterior tallos entrelazados. Sin embargo, también destaca la decoración no vegetal de algunas dovelas, tales como un rostro sonriente en la clave de la arquivolta junto al arco polilobulado y un abad u obispo con casulla, mitra y báculo muy cerca en esta misma arquivolta; en la clave de la arquivolta exterior, un mascarón de rasgos felinos vomitando tallos.

Capiteles de las columnas y jambas de la portada meridional.


Los capiteles en los que descansan las arquivoltas y el arco polilobulado están decorados con dragones afrontados, arpías con capirote, sirenas y otros animales fantásticos, así como con motivos vegetales.
Rosetón en la fachada meridional.

Por encima de la puerta discurre una imposta con tallo sarmentoso y, más arriba, unos canzorros o ménsulas ponen de manifiesto la existencia de un soportal donde se impartía justicia y se reunía el concejo en ocasiones, tal como se informa en el Fuero (3).
Coronando la portada, un rosetón de sección abocinada, adornado en su rosca externa con puntas de diamante. Presenta forma cruciforme, con cuatro círculos adornados con bolas rodeando a otro central de menor tamaño.
Lucillos de arco apuntado en la fachada meridional.

Conviene también señalar que en el último tramo del muro meridional e, incluso, en un contrafuerte se abren lucillos de arco apuntado.


Iglesia de La Magdalena.

Lo primero que llama la atención al penetrar en el interior es la desproporción entre la altura y la anchura del templo, mas rápidamente desaparece esta sensación, porque todo el interés se concentra en apreciar y evaluar cada uno de los elementos que se muestran ante la vista. 
El presbiterio tiene mayor altura que el ábside, lo que propició la apertura de un óculo para iluminar el interior del templo. El arco triunfal, apuntado, descansa sobre columnas de capiteles vegetales.



Bóveda de cuarto de esfera, arco de la Capilla Mayor y óculo.

La bóveda de horno está reforzada con cuatro nervios que confluyen en clave decorada con un florón de hojas carnosas y puntas vueltas. El arco de la Capilla Mayor, peraltado, reposa sobre pilastras fasciculadas. 


Segundo cuerpo del ábside. Calvario.

El ábside se divide en dos cuerpos; en el superior, las tres ventanas que se apreciaban al exterior, sólo la central horadada. En cuanto al Calvario, aunque es de estética medieval, fue tallado por el zamorano Manuel Rivas Villarino en los años 70 del pasado siglo XX.



Cuerpo inferior del ábside.

En el cuerpo inferior del ábside destacan tres series de dos hornacinas cóncavas o nichos a modo de absidiolos. Por lo que atañe a la mesa de altar, no he encontrado referencia alguna a la misma, lo que me lleva a pensar que sea copia de la que existe en la iglesia de Santa María de la Horta.  


Mesa del altar mayor. Iglesia de La Magdalena.

Adosado al costado de la iglesia de La Horta se encontraba el convento que fue casa matriz de los Hospitalarios; la iglesia de La Magdalena también pertenecía a esta Orden. Al referirse a aquella, algunos textos (4) señalan que "conserva la primitiva mesa de altar, de piedra, ricamente labrada en tres de sus lados con arcos ciegos levemente apuntados y decorados en zig-zag, que descansan sobre pares de columnillas con capiteles vegetales y uno con dos pares de aves". Realmente parece que se está describiendo ésta de La Magdalena.



Presbiterio. Iglesia de La Magdalena.




Otros elementos destacados a señalar en el presbiterio son una imagen de la Magdalena penitente, que sigue el modelo de Pedro de Mena, el Sagrario sobre una columna entre las dos hornacinas centrales y dos estancias que se abren en ambos muros del tramo recto presbiteral, cuyo acceso se hace por medio de unos vanos adintelados con mochetas de perfil de nacela.


En el mosaico fotográfico superior, una de las dos columnas que soportan el arco triunfal, una ventana ciega del segundo cuerpo del ábside, la parte superior de una de las pilastras del arco de la Capilla Mayor y uno de los laterales de la mesa de altar, también con decoración de arcos ciegos decorados en zig-zag. 

Armadura de par y nudillo.


Es muy probable que la nave se cubriera originariamente con bóveda de cañón reforzada con arcos fajones, que, debido a su gran altura y al enorme peso, se hundiría en algún determinado momento, afectando también a los muros. Es por esto que sólo las ventanas del muro norte son románicas, de arcos doblados de medio punto y capiteles con ornamentación vegetal; por contra, las del muro sur fueron sustituidas por otras con parteluz y características más propias del gótico. El hipotético hundimiento parece confirmarse por la existencia de pares de columnas en ambos muros sin capiteles y sin función sustentante alguna. 
Rosetones y ventanas.
En la parte superior del mosaico fotográfico, a la izquierda, el rosetón del hastial de poniente y, a la derecha, el de la fachada meridional, vistos desde el interior.
Igualmente desde la nave, en la parte inferior izquierda, una ventana románica del muro norte; a la derecha, ventana con parteluz del muro sur. 

Baldaquino del muro norte. Vista frontal.
Como uno de los rasgos más característicos de este templo encontramos sendos baldaquinos en el primer tramo de la nave, junto a la cabecera. Están cubiertos con bóvedas de cañón ceñidas por arcos de medio punto.

Baldaquino del muro norte. Vista lateral.
Adintelados en el lateral, el arco de medio punto interior apoya directamente en el muro, mientras que el exterior lo hace sobre una gruesa columna.

Columna del baldaquino junto al muro norte.

La columna de este baldaquino presenta fuste acanalado en zig-zag y capitel con decoración vegetal.

Virgen de la Salud.
Al igual que el Calvario del ábside, esta imagen de la Virgen con  el Niño en su rodilla izquierda fue realizada por Manuel Rivas en los años 70 del siglo pasado.

Baldaquino en el muro sur. Vista frontal.

De características idénticas al del muro norte, únicamente cambia la decoración del fuste de la columna. Se desconoce la utilidad que pudieran tener, aunque es posible que sirvieran de cobijo a altares laterales. Ambos recuerdan en cierta medida a los existentes en San Juan de Duero de Soria y en la ermita de Nuestra Señora del Valle, en la localidad burgalesa de Monasterio de Rodilla.

Columna del baldaquino en muro sur. Detalles.

En el mosaico fotográfico, distintos detalles de la columna en que se apoya el arco de medio punto del frontal y ménsula de apoyo del arco interno.

Sepulcro románico.
Cerca del baldaquino del lado norte, adosado al muro, encontramos un sepulcro románico que los expertos catalogan de excepcional y una de las mejores muestras de la escultura funeraria de esta época. Los que no somos historiadores del arte no estamos capacitados para ponderar sus cualidades artísticas u ornamentales, pero, aunque profanos en la materia, sí que podemos manifestar nuestras sensaciones y emociones al contemplarlo. Particularmente, siempre me ha parecido de una belleza extraordinaria, capaz de conmover los sentimientos de cualquier persona medianamente sensible.
Fue labrado a finales del siglo XII o principios del XIII; parecen evidentes, a juicio de los entendidos, las influencias orientales, así como la relación con el coro pétreo que tuvo la catedral compostelana, obra del Maestro Mateo.

Frente y laterales del baldaquino que cobija al sepulcro presentan arcos trilobulados.

Protegiendo el sepulcro, un baldaquino arquitrabado soportado por cinco columnas presenta en su frente y laterales arcos trilobulados que van flanqueados y rematados por edificios torreados; dichos arcos contienen diferentes animales enfrentados por parejas, fantásticos y reales, propios del Bestiario románico, tales como dragones alados, sirenas o leones. 

Columnas de fustes variados para sostener el baldaquino arquitrabado del sepulcro.

Cinco columnas de fustes variados, helicoidales y estriados, sostienen el baldaquino arquitrabado. En la parte superior del mosaico fotográfico, las tres columnas frontales; en la inferior, las parejas de ambos laterales del sepulcro.

Capiteles de las columnas adornados con motivos del Bestiario románico.

Cada una de las cinco columnas presenta capiteles muy decorados con motivos del Bestiario románico tales como arpías, grifos, dragones o sirenas. En el mosaico fotográfico, en la parte de arriba, los correspondientes a las tres columnas del frente situadas en el mismo orden que en el sepulcro, desde el punto de vista del observador; en la inferior, a ambos lados, los de las columnas adosadas al muro flanqueando otra cara del capitel central.

Lauda sepulcral y lecho mortuorio.

En el interior, una lauda sepulcral adornada con cruz de tipo procesional y la estatua yacente de un personaje en el lecho mortuorio.

Imagen yacente en su lecho mortuorio.

Aunque no se conoce documentalmente la identidad del personaje que aparece yacente en su lecho de muerte, se ha especulado que pudiera ser Doña Urraca de Portugal, hija del primer rey portugués Alfonso I Enríquez y esposa de Fernando II de León. Fruto de este matrimonio, anulado por el papa Alejandro III a causa del parentesco de los esposos, fue el futuro rey Alfonso IX, nacido en Zamora.
Una vez repudiada, ingresó en la Orden de San Juan de Jerusalén; a su muerte fue enterrada en el monasterio de Santa María de Wamba, perteneciente a dicha Orden. Dado que la iglesia de La Magdalena también lo es, el origen zamorano de su hijo y la relación estrecha de ambos con Zamora, se ha pensado que no es descabellado intuir que el rey ordenara construir un sepulcro singular y excepcional para su madre en esta ciudad.

Relieve de la ascensión del alma.

Sobre la estatua yacente, un relieve muestra la ascensión del alma desnuda del personaje difunto al cielo por medio de un lienzo que sujetan una pareja de ángeles.

Escena completa de los relieves adosados al muro.

Se completa la escena con dos ángeles turiferarios a ambos lados: ciclo completo del tránsito del alma del difunto al cielo. Parece, por tanto, que todo el sepulcro pretendiera representar que la ciudad celeste sería el destino final de todo buen cristiano tras el peregrinaje como "homo viator" que constituye su vida en este mundo terrenal.

Casetones gallonados y ángeles turiferarios.

Cúpulas gallonadas con botón central en sus correspondientes casetones del arquitrabe; estas formas decorativas, similares a otras en la Portada del Obispo de la catedral zamorana, parecen manifestar la influencia mateana en estas tierras.
También en el mosaico fotográfico, detalle de los dos ángeles turiferarios adosados al muro. 

Detalle del plano de Anton van der Wyngaerde. Señalada con la F, iglesia de La Magdalena.

Es muy probable que haya pasado por alto aspectos o detalles que, con seguridad, un especialista habría tenido en cuenta, pero cada uno tenemos nuestras propias capacidades y, consiguientemente, nuestras propias limitaciones. Lo que sí puedo afirmar de forma tajante y rotunda es que he puesto todo mi empeño y todo mi entusiasmo en que tanto las fotografías como los textos que las acompañan fueran suficientemente dignos, a sabiendas de que nunca llegarían, ni de lejos, a estar a la altura de una de las fábricas románicas más emblemáticas de Zamora. 





NOTAS.-

(1).- Florián Ferrero señala, refiriéndose a los edificios religiosos de Zamora, que "su nómina era amplísima, asombrosa, hasta el punto que parece imposible que se concentraran tantos templos en la reducida área urbana de Zamora". A continuación, en lo que atañe a los templos cristianos desaparecidos, refleja. "En total nos vamos a encontrar con un total de 40 templos, a los que podemos añadir otros siete que nos ofrecen duda".
(2).- María Luisa Bueno dice: "Fundamentales la Puerta de Olivares y Puerta Nueva que daban entrada al interior de la ciudad y se comunicaban mutuamente a través de un camino que se denominaba carral maior".
(3).- La misma autora señala: "En el carral mayor se encontraba la iglesia de la Magdalena, iglesia que como se deduce del fuero, fue una iglesia donde se reunía el concejo en ocasiones".
(4).- El texto está copiado de la obra "Por la catedral, iglesias y ermitas de la ciudad de Zamora" cuyo autor es D. José Ángel Rivera de las Heras, en la descripción que hace de la iglesia de Santa María de la Horta.
También se hace referencia y se decribe una mesa de altar románica en esta iglesia, acompañando fotografía de la misma, en la obra "Todo el Románico de Zamora" de la Fundación Santa María la Real.

FUENTES.-
  
- Por la catedral, iglesias y ermitas de la ciudad de Zamora. RIVERA DE LAS HERAS, J.A.
  Edilesa, 1ª edición. 2001
- El Románico en Zamora. SÁINZ SÁIZ, J. Ed. Lancia, 3ª edición.
- Todo el Románico de Zamora. Fundación Santa María La Real. Aguilar de Campoo, 2010.
- FERRERO FERRERO, F. La configuración urbana de Zamora durante la época románica.
  Studia Zamorensia. ISSN 0214. Nº 8. 2008
- BUENO DOMÍNGUEZ. M.L. Contactos con la vida material en Zamora.
  Espacio, Tiempo y  Forma. Serie III. Historia Medieval. 2005