Alba de Tormes

Alba de Tormes
Vista de Alba de Tormes. Anton van den Wyngaerde, 1570.

viernes, 12 de septiembre de 2014

LAS ACEÑAS DE ZAMORA

Alfonso VI (1065-1109) llevó la frontera con Al-Andalus hasta el Tajo después de la conquista de Toledo en 1085, hecho que favoreció de forma decisiva lo que se conoce como segunda repoblación de Zamora con gentes procedentes de Asturias, León y Galicia, así como de Gascuña, Périgord, Poitiers y otras regiones francesas. De esta época datan las primeras construcciones románicas en Zamora, aunque será durante la segunda mitad del siglo XII y comienzos del siglo XIII, es decir, durante la fase conocida como tardorrománico, cuando alcance su máximo apogeo la construcción no sólo de edificios religiosos, sino también civiles.
Catedral de Zamora. Portada del Obispo en el brazo sur del crucero. 
Así, la construcción de la catedral se inicia en 1151, tras la confirmación pontificia de la sede zamorana al obispo Esteban por privilegio del papa Eugenio III, y se consagra en 1174, lo que no significará que las obras hayan finalizado; el cimborrio, su elemento más emblemático, es obra del último cuarto del siglo XII y la torre y el claustro de principios del siglo XIII.
Catedral de Zamora. Cimborrio (último cuarto del s. XII).

Catedral de Zamora. Torre (inicios del siglo XIII). 
El elevado número de templos románicos que todavía hoy se pueden admirar en el casco urbano no es óbice para que también permanezcan, aunque en número más reducido, otros ejemplos de arquitectura románica civil y militar.

Casa del Cid o Palacio de Arias Gonzalo. 
Entre los edificios civiles conviene destacar el Palacio de Arias Gonzalo, también conocido como Casa del Cid. Junto a la Puerta Óptima, del Obispo o de Olivares, perteneciente al primer recinto amurallado, su construcción se puede datar a finales del siglo XI, aunque sufrió una remodelación importante en el siglo XIII, posiblemente junto a la reconstrucción de la citada puerta en 1230, como reza la inscripción que todavía se conserva.
Detalle de una de las mochetas en la Rúa de los Francos.
Rúa de los Francos. 
Distribuidos por la ciudad quedan otros pequeños restos; así en la Rúa de los Francos, en la calle de Los Herreros o en la calle de Balborraz. Están situados en edificios con portadas adinteladas posiblemente de finales del siglo XII o principios del XIII. Generalmente son mochetas en forma de capiteles decorados con hojas o bolas. 
Calle de Los Herreros.

Calle Balborraz.

Posiblemente también de época románica, aunque no todos los expertos se ponen de acuerdo en su datación, sean las cruces que señalan, respectivamente, los lugares donde Sancho II fue herido por Bellido Dolfos, cerca del Campo de la Verdad, y donde estaba situado su campamento y falleció, al comienzo de la carretera de la Hiniesta; ésta, conocida como Cruz del rey don Sancho, parece que se erigió por mandato de Doña Urraca. Se trata de una cruz griega (no hace mucho ha sustituido a otra más antigua que se rompió) sobre un monolito de sección rectangular, que bien pudiera ser incluso anterior a 1072, año en que se produce el Cerco de Zamora por las tropas castellanas.

Cruz del Rey Don Sancho
Esta cruz señala el lugar donde fue herido de muerte Sancho II.

Poco queda por señalar relativo a viviendas y edificios públicos de época románica, ya que en uno u otro momento desaparecieron palacios, bodegas, carnicerías, hospederías, mesones, lazareto, etc.
En otra entrada ya hemos abordado el tema de las construcciones militares, en concreto el denominado Primer Recinto amurallado, dejando pendiente lo relativo a los otros dos.
Es hora, pues, de centrarnos en esas otras construcciones también de carácter civil que constituyen las aceñas; de las existentes entre los siglos XI y XIII quedan hoy muy transformadas y sin apenas restos medievales las de Olivares, Cabañales, Pinilla, Gijón, Pisones y Congosta, pero su indudable impronta en el relieve urbano bien merece dedicarles este espacio.

Aceñas de Olivares.
Tres definiciones ofrece el diccionario de la RAE acerca del término aceña:
1º.- Molino harinero de agua situado dentro del cauce de un río.
2º.- Azud.
3º.- Máquina hidráulica para abatanar paños y otros tejidos de lana.

Si nos fijamos inicialmente en las Aceñas de Olivares es preciso señalar que su construcción se remonta al siglo X; existe de ellas una primera referencia escrita correspondiente a 986, aunque su máximo apogeo gira en torno al siglo XIII.

En uno de los tajamares queda patente que fueron propiedad del Cabildo.

De concesión real, su posesión entrañaba un evidente signo de poder. Pasaron a ser propiedad del Cabildo catedralicio entre los siglos X y XII y así continuaron hasta la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX.

Fotografías de Quintas, en la columna informativa actual.


Como bien se aprecia en las dos fotografías superiores, estuvieron muy cerca de desaparecer en los años 60 del siglo XX. Afortunadamente, en 1994 el Ayuntamiento tomó la decisión de restaurarlas y pudieron abrirse al público en julio de 2008.

Rueda movida por la corriente de agua. Aceñas de Olivares.

Según distintas fuentes, el arrabal de Olivares llegó a tener doce ruedas y seis casas, o bien siete ruedas para la molienda del trigo con sus correspondientes presas o azudas. En cualquiera de ambas opciones, un número considerable.

Otra rueda en el cauce del Duero. Aceñas de Olivares.

 En la actualidad, estas aceñas albergan el Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales asociadas al Agua. En cada una de las tres construcciones, denominadas "La Primera", "La Manca" y "La Rubisca", se exponen las distintas funciones que desarrollaban; así, se pueden contemplar un martillo pilón, un batán y un molino harinero.

Una de las aceñas de Olivares reconstruidas.


Batán. Unos mazos activados por la rueda hidráulica compactan los tejidos.

Molino harinero.

Rueda de molino. Aceñas de Olivares.

Las Aceñas de Cabañales, en la otra margen del río, junto al barrio del mismo nombre, también fueron propiedad de la Iglesia, aunque en este caso no del Cabildo, sino del Obispado. Pasaron a propiedad particular tras la desamortización del siglo XIX y funcionaron regularmente hasta los años 50 del siglo pasado; como las personas que venían de fuera a moler necesitaban en ocasiones hacer noche, el molinero también ofrecía posada y cuadra para las caballerías.
Una vez abandonadas, desapareció la maquinaria y las edificaciones entraron en ruina casi total, de tal forma que en 2002 se decidió consolidarlas y ponerlas en valor; las obras se prolongaron varios años, restaurando los edificios, consolidando la pasarela al nivel del río e integrando otra elevada.

Aceñas de Cabañales.

Acogieron durante un tiempo un Centro de Interpretación, en el que se desarrollaron algunos talleres medioambientales, pero actualmente están ya en desuso y bastante abandonadas. Tal vez ahora que se está trabajando para acondicionar toda esta margen izquierda del Duero vuelvan a restaurarse y ponerse en valor.

Aceñas de Cabañales desde el Puente de Piedra.

En el barrio de Pinilla, igualmente en la margen izquierda del Duero, se ubicaban otras aceñas propiedad del Cabildo. Fueron conocidas por tal motivo como Aceñas del Cabildo y también como Aceñas de Pinilla.

Aceñas de Pinilla.

Situadas junto al puente del ferrocarril, se convirtieron hace ya bastantes años en un complejo hostelero.

Aceñas de Pinilla.

Aceñas de Pinilla en la actualidad utilizadas como complejo hostelero.

Parece que aguas arriba, junto a la ermita de la Virgen de la Peña de Francia, cerca del actual puente de Los Tres Árboles, hubo otros molinos, las Aceñas del Vado, hoy totalmente desaparecidas.
Gracias a su reconversión en Centros de Interpretación o en complejos dedicados a la hostelería, los otros tres grupos de aceñas citados anteriormente han encontrado su propia utilidad y, consiguientemente, su revitalización.
Peor suerte han corrido el resto: Gijón, Los Pisones y Congosta.

Aceñas de Gijón.

Aguas abajo del Duero tras su paso por la ciudad se encuentran las Aceñas de Gijón. Tomando la carretera de Almaraz, a la altura de la antigua cárcel, sale un camino que lleva a sus inmediaciones.

Detalle del estado actual de una de las aceñas de Gijón.

Como se puede apreciar en las fotografías superiores, su estado es lamentable, ya que a la ruina propia de su abandono se unen los troncos, maleza y demás elementos que arrastra el río y que quedan retenidos entre los restos que aún permanecen en pie.

Aceñas Los Pisones.

En esa misma margen derecha del Duero, unos cientos de metros aguas abajo, encontramos las Aceñas Los Pisones, también ubicados en propiedad privada.

Aceñas Los Pisones. Detalle.

Están situadas estas aceñas en un entorno paradisíaco y, a poco que se pusiera un poco de interés en su rehabilitación como espacio público, pronto se vería cómo la afluencia de personas aumentaría de forma considerable, ya que están a una distancia apropiada para acercarse incluso dando un paseo.

Aceñas Congosta desde el camino de acceso que baja hasta ellas.

Un poco más alejadas y en la margen izquierda están las aceñas denominadas Congosta.

Aceñas Congosta, desde la misma orilla del Duero.

Fueron también, como las de Olivares y Pinilla, propiedad del Cabildo. Al igual que las de Gijón y Pisones se encuentran en estado ruinoso.

Aceñas Congosta. Detalle.

Para acceder a esta aceña hay que pasar el barrio de Carrascal; por varios caminos de tierra y buscando el cauce del río se puede acceder fácilmente caminando o en un vehículo todo terreno.

Acabamos de esta forma el repaso a estas típicas construcciones medievales elevadas en los cauces de los ríos, cuando las gentes de la época aprovechaban de forma excelente los recursos que la naturaleza ponía a su alcance para realizar las labores necesarias tanto para el sustento como para el discurrir de la vida en general. En este caso, la fuerza del agua movía los mecanismos necesarios para moler la harina dedicada al consumo humano y animal, para los trabajos propios de la herrería o para la elaboración de tejidos.



Fuentes.-

- Todo el Románico de Zamora. Fundación Santa María La Real. Aguilar de Campoo, 2010.
- FERRERO FERRERO, F. Jurisdicción municipal y poder eclesiástico en la Zamora medieval.
                                             Espacio, Tiempo y Forma. Serie III. Hª medieval, t. 7. 1994
- FERRERO FERRERO, F. La configuración urbana de Zamora durante la época románica.
                                              Studia Zamorensia. ISSN 0214. Nº 8. 2008
- es.wikipedia.org/wiki/Aceñas_de_Olivares
- www.minube.com/rincon/las-acenas-a64121
- www.conocerzamora.com/museosacenasolivares.htm





martes, 5 de agosto de 2014

COMPAÑERISMO Y AMISTAD. Sierra de Francia 2012.

Los exámenes de Preuniversitario y la imposición de la insignia de Antiguos Alumnos ponían fin a una prolongada estancia de la mayoría en el colegio María Auxiliadora de Salamanca, allá por la ya lejana primavera de 1969. Todos y cada uno de los componentes de aquella promoción íbamos a emprender el camino que nos tenía preparado el destino por las distintas regiones de la geografía española.
 
Imposición de insignias de AA. AA. salesianos. 
Tras la diáspora, el primer reencuentro con carácter general fue gracias a la celebración oficial de las Bodas de Plata organizadas en el colegio; más tarde, ya en 2009, un grupo numeroso volvimos a reunirnos en Salamanca durante una jornada de convivencia, en esta ocasión gracias a la dedicación personal y al entusiasmo que Eladio puso en el empeño; en años sucesivos seguirían Zamora, Toro, ... y en noviembre de 2012 la Sierra de Francia, por iniciativa de Pilar y Ventura.
  
Sierra de Francia. Santuario de la Peña de Francia.

Aprovechando la oportunidad que brindaba el puente de la festividad de Todos los Santos, una primera avanzadilla nos alojamos la tarde-noche del día 2 en el hotel Abadía de los Templarios de la localidad de La Alberca.

 
Hotel Abadía de los Templarios. La Alberca.
 

Pasillo de acceso a las habitaciones.
A la mañana siguiente, el grueso de la expedición hizo su desembarco en el hotel y, tras los saludos de rigor y un descanso mínimo, emprendimos la marcha en microbús hasta el cercano Valle de las Batuecas, lugar de carácter mágico y paraje natural excepcional.
  
Indicaciones de las rutas por el Valle de Las Batuecas.
 
Preparándonos para iniciar la jornada. 
Los meteorólogos habían previsto lluvias muy abundantes aquellos días, lo que nos hizo temer por la excursión prevista hasta El Canchal de las Cabras Pintadas.
  
Cartel anunciador de las pinturas rupestres.



 Aunque una fina lluvia nos estuvo acompañando toda la jornada de forma intermitente, pudimos iniciar la marcha sin dificultades insalvables.
 
Santo Desierto de San José de las Batuecas.
Dejamos el microbús cerca del monasterio de Carmelitas Descalzos e iniciamos la ruta con las precauciones necesarias para no tener que lamentar algún percance, dado lo resbaladizo de la senda en algunos tramos.
 
De camino al Canchal de Las Cabras Pintadas.

 La niebla hacía todavía más maravilloso el valle que íbamos recorriendo, añadiendo más encanto natural al ya de por sí fantástico paisaje.
 
La niebla se hacía presente en algunos tramos. 
Niebla en las partes más elevadas.
Mientras nos acercábamos al objetivo, aprovechamos el ensanchamiento del camino en algún claro del espeso bosque mediterráneo, cobijo de tejos y eucaliptos, para dejar inmortalizada nuestra aventura.  
 
Foto del grupo en un alto de la ruta.

Aunque los años se van haciendo notar en la condición física (en algunos también la falta de ejercicio diaria y el exceso de peso), llegamos sin novedad reseñable a El Canchal; allí las pinturas rupestres al aire libre se nos presentaron majestuosas, no sólo haciendo alarde de contenido simbólico y de longevidad, sino también de belleza extrema en su propia sencillez.
 
Admiración y fotografías ante Las Cabras Pintadas.

Las Cabras Pintadas.

Más pinturas rupestres al aire libre.
Las aguas cristalinas del río Batuecas nos acompañaron en el regreso hasta el punto inicial de la ruta, donde la carretera nos señalaba la dirección de nuestro inmediato destino: Las Mestas.


Río Batuecas en su discurrir por el valle. 
 
Carretera local SA-201, dirección Las Hurdes.


A 18 km. de La Alberca y 465 m. sobre el nivel del mar, Las Mestas es la primera localidad extremeña, en la comarca de Las Hurdes, una vez se deja la provincia de Salamanca por la carretera SA-201. Dado que el Portillo tiene una altitud de 1.240 m., en pocos kilómetros hemos descendido casi 800 metros.
Según parece dar a entender su nombre, esta alquería fue fundada en torno al siglo XII por los ganaderos transhumantes que llevaban sus rebaños hacia el norte desde las dehesas extremeñas.
En la actualidad difícilmente superará el medio centenar de habitantes, entre los que se encuentran dos hijos del conocido patriarca hurdano "El Tío Picho", Cirilo y Anastasio Marcos, enfrentados entre sí por cuestión de negocios.
 
Anuncio de los productos de El Tío Picho.

El Tío Cirilo se hizo famoso a principios de la década de los 90 del pasado siglo cuando patentó y promocionó el "Ciripolen", fabricado a base de miel, polen y jalea real, que se anunciaba incluso en televisión a nivel estatal; Anastasio, por su parte, comercializa el "Pichín Real", producto natural a base de ron y jalea real. Ambas bebidas rivalizan entre sí, ya que las dos se consideran reconstituyentes y energéticas a la vez que afrodisíacas y con efectos beneficiosos contra la artrosis, los catarros y otras afecciones menores.
Sin ánimo de decantarnos por ningún bando en su enconada disputa, acabamos en el bar de El Tío Cirilo, pero simplemente porque allí queríamos reponer fuerzas y hacer tiempo hasta el momento de continuar nuestro viaje hasta Riomalo de Abajo, donde teníamos reservado el restaurante para comer ese día.
 
Bar de El Tío Cirilo en Las Mestas.

Riomalo es también una alquería hurdana; se encuentra justo en el límite de las provincias de Cáceres, a la que pertenece, y de Salamanca. Aquí degustamos una excelente comida a base de productos propios de esta zona.
 
Esperando las viandas en Riomalo de Abajo.
 
Arreglando el mundo mientras llegaba la comida. 
Dado que llevábamos transporte colectivo, no hubo necesidad de reprimir ni lo más mínimo hambre y sed para no entorpecer la posterior conducción, por lo que dimos buena cuenta tanto de los alimentos sólidos como líquidos. Posteriormente mantuvimos una animada y prolongada sobremesa antes de emprender de nuevo la marcha, ahora por la carretera SA-225 que, por Sotoserrano y Cepeda, nos iba a llevar hasta Miranda del Castañar, próximo hito en el programa establecido para ese día.
 
Otro grupo en animada charla.
 Miranda es uno de esos lugares de la geografía serrana salmantina que bien merece la pena conocer y recorrer detenidamente; repoblada en el siglo XIII, como muchas otras localidades enclavadas en lo que entonces se conocía como la Extremadura del Duero, ocupa un promontorio montañoso que facilitaba su defensa y situado sobre la confluencia de los ríos Alagón y Benito.
Está rodeada de murallas que abrazan todo el perímetro de la villa; en los más de 600 metros aún conservados se abren cuatro puertas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. También conserva un castillo del siglo XV, cuya torre del homenaje junto a la Torre de las Campanas, exenta y de propiedad municipal, al otro lado de la Plaza de la Iglesia, conforman la silueta característica de cualquier panorámica de la villa.
 
Torre de las Campanas.

 A mediados del siglo XV se constituye el Condado de Miranda, con jurisdicción sobre distintos territorios de la comarca de Sierra de Francia-Quilamas. En 1973 el municipio será declarado Conjunto Histórico-Artístico. Los lugareños actuales aseguran que su plaza de toros, de planta rectangular y fábrica de cantería, es la más antigua de España.
Uno de sus establecimientos comerciales típicos ocupa una antigua bodega.
 
Establecimiento comercial en Miranda del Castañar.
La característica más llamativa  de la bodega primitiva era la de servir el vino a través de la muralla a los clientes que con sus carros circulaban por el exterior de la misma, facilitando así la laboriosa tarea de acarrear los pellejos o cántaros desde su profundo interior hasta el nivel de la calle.
 
Detalle de la entrada a la Bodega.
En el interior actualmente se ofrecen todo tipo de productos artesanos típicos de esta comarca; fantásticamente decorado todo el establecimiento, es difícil sustraerse a la tentación de realizar algunas compras.
 
Interior de la Bodega.

Consecuentemente con la época del año, que habíamos elegido a propósito para hacer nuestra visita a la comarca, la oscuridad se iba adueñando paulatinamente de las calles de la villa, lo que no impedía disfrutar de un relajado y relajante paseo por alguna de las más típicas, como la calle Larga, la principal vía del lugar, donde sus casas aún conservan vestigios de un pasado glorioso.
Dominados por los recuerdos que afloraron en algunos y por las emociones que la visita había regalado a otros menos conocedores de la zona, emprendimos el regreso hacia La Alberca en nuestro micobús, amenizado por la guitarra de Martín que acompañaba los cantos que poco a poco aumentaban en intensidad conforme avanzaban los kilómetros recorridos.
 
Paulatinamente la compostura fue dejando paso al bullicio de los cánticos populares. 
Antes de volver al hotel y una vez ya en La Alberca, acudimos a un restaurante en la plaza mayor, cierto es que no con mucho apetito, pero sí con el suficiente como para hacer una última parada.
 
Plaza Mayor de La Alberca.

 Además de cenar, hubo tiempo sobrado para comentar los acontecimientos que habíamos vivido a lo largo del día y, también, para los recuerdos y añoranzas del pasado colegial o sobre los avatares de la vida cotidiana de cada cual en sus respectivos trabajos diarios, ya en Madrid, Segovia, Vigo, Salamanca, Zamora ...
 
No estaba muy concurrido para ser sábado de puente.
 
Cena el La Alberca. 

 Ya bien entrada la noche, en la Abadía de los Templarios encontramos el merecido descanso después de una jornada tan intensa en actividades y emociones.
 
La Abadía de los Templarios. Vista nocturna de la entrada al hotel.

Las confortables habitaciones del hotel sirvieron, al menos hasta donde yo conozco, para reponer fuerzas con las que afrontar el programa preparado y previsto para el día siguiente, 4 de noviembre.
 
Una de las habitaciones del hotel.

El domingo amaneció con niebla y con clara amenaza de lluvia, que luego no llegó a concretarse más que en algún chubasco esporádico.
 
La Abadía de los Templarios vista desde una ventana de la segunda planta.

Con tiempo suficiente fuimos acudiendo a desayunar, formando pequeños grupos conforme íbamos acomodándonos en el comedor.
 
Desayuno sano y abundante en el hotel.

Supongo que debí ser de los más madrugadores, porque tuve oportunidad de tomar algunas fotografías del hotel antes de coger de nuevo el microbús.
 
Vista parcial del exterior del hotel. 
Rincón confortable del interior del hotel.

Tener que desplazarse obligatoriamente hasta la lejana Galicia fue motivo más que justificado para que los "vigueses" nos dejaran al poco tiempo de llegar a La Alberca.
 
Buen viaje y hasta una próxima reunión.

Iniciamos entonces un recorrido turístico-cultural que nos llevó hasta el corazón de la localidad, su Plaza Mayor, presidida por un fantástico crucero y conformada por numerosas viviendas que muestran la típica construcción serrana; algunas de estas casas adornan esplendorosamente sus galerías y balcones con todo tipo de macetas conteniendo flores multicolores. 
 
Crucero en la Plaza Mayor albercana.


Casa típica en la Plaza Mayor de La Alberca.

Muy cerca de la plaza se encuentra ubicada la iglesia parroquial, datada en el siglo XVIII y dedicada a Nuestra Señora de la Asunción; reseñable es el púlpito de granito policromado que alberga, obra del siglo XVI, así como, al exterior, una formidable torre de factura también anterior al templo actual.
 
Iglesia parroquial de La Alberca.

En uno de sus altares recibe adoración el denominado Cristo del Sudor, imagen de gran dramatismo, obra del siglo XVI atribuido a Juan de Juni. Cuenta la tradición que el día primero de septiembre del año 1665 una mujer que iba en peregrinación a la vecina Peña de Francia observó cómo la imagen sudaba sangre cuando oraba delante de ella; al día siguiente de este acontecimiento milagroso fueron varias las personas que pudieron comprobar cómo en esta ocasión brotaba sangre de la herida del costado del Crucificado.
 
Las informaciones y explicaciones pertinentes no faltaron en ningún momento.
Continuamos deambulando por todo el maravilloso casco antiguo, no en vano éste fue el primer municipio español en recibir la distinción de Conjunto Histórico-Artístico allá por el muy lejano 1940. Cabría mencionar en este punto la cantidad de portadas que presentan señalados sus dinteles con símbolos religiosos, sobre todo marianos, posiblemente debido a la necesidad de sus moradores conversos, ya fueran judíos o moriscos, de mostrar clara y elocuentemente su condición de cristianos nuevos.
 Acabado el recorrido por La Alberca, el microbús nos condujo a las inmediaciones de San Martín del Castañar, otra localidad serrana de ineludible visita, para contemplar el maravilloso paisaje que desde allí se divisa, mientras unos buitres volaban en círculos majestuosos por encima de nosotros.
 
Panorámica con la inconfundible silueta de San Martín del Castañar.
 
Buitres sobrevolando la zona.
Cuando saboreamos debidamente el entorno y tomamos las fotografías que iban a dejar constancia de nuestra aventura serrana, volvimos al microbús para recorrer la ya poca distancia que nos separaba del pueblo, también en la comarca de Sierra de Francia-Quilamas. 
 
La niebla no hacía más que acrecentar la belleza del entorno.
 De entre los muchos alicientes que ofrece al visitante habría que destacar el poderoso Castillo, obra del siglo XV, y la Plaza de Toros, que en su momento debió ser plaza de armas de la fortificación.
 
Además de comentar las excelencias de la Plaza de Toros,
hubo quien impartió lecciones de tauromaquia.
 En este caso, los autóctonos de la localidad se conforman con reivindicar que es la segunda más antigua de España. Cierto o no, tiene un encanto especial tanto por su configuración como por encontrarse cobijada a los pies del castillo, hoy rehabilitado como Centro de Interpretación de la Biosfera, al tiempo que también alberga en su interior el cementerio de la localidad.
 
Dos fotógrafos inmortalizando al grupo desde encuadres distintos.

Llegaba el momento de acudir a nuestro próximo y penúltimo destino, Mogarraz, localidad serrana también declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1998, que en la actualidad cuenta con una población de poco más de trescientos habitantes cuando a comienzos del siglo XX superaba ampliamente el millar; aún conserva una trama urbana típicamente medieval, con calles estrechas y de trazado irregular, reminiscencia de un pasado en el que musulmanes y judíos abundaban entre sus pobladores.
 
Grupo ante un callejón del entramado urbano de Mogarraz.

La arquitectura que domina es la tradicional en toda la comarca, con casas que presentan entramados de madera y airosos voladizos.
 
Casas típicas serranas.


La primera parada nada más llegar fue en el restaurante Mirasierra, donde teníamos reserva para comer, ya que las dos visitas anteriores por La Alberca y San Martín se habían prolongado hasta bien pasado el mediodía. Los formidables ventanales del comedor permitían divisar otras panorámicas distintas a las que ya guardábamos de los dos días que llevábamos recorriendo la sierra, pero igualmente fantásticas y difíciles de olvidar.
 
Restaurante Mirasierra, en Mogarraz.
Una vez dimos buena cuenta de la comida y los postres, regados con un buen vino, y la consiguiente sobremesa e intercambio de vivencias, comenzamos nuestro recorrido por la localidad; en primer lugar, por la cercanía con el restaurante, encontramos la Ermita del Humilladero, en cuyas inmediaciones se puede también disfrutar de un crucero magnífico.
 
Ermita del Humilladero y crucero.
Siguiendo esa misma calle llegamos hasta la iglesia parroquial, dedicada a la patrona Nuestra Señora de las Nieves, y la Plaza Mayor, donde además del Ayuntamiento tiene su ubicación un Museo Etnográfico. Tanto las fachadas de las casas como la misma torre de la iglesia están adornadas con una serie de retratos que el artista local Florencio Maíllo ha realizado sobre planchas metálicas utilizando la encáustica como técnica pictórica; dichos retratos se han basado en unas fotografías que el fotógrafo Alejandro Martín, también natural de Mogarraz, tomó en 1967 de los 388 habitantes adultos que en aquel momento permanecían en el pueblo.
La iniciativa para realizar esas fotografías se debió al alcalde de entonces, que pretendía evitar así a sus conciudadanos el desplazamiento hasta Béjar para la renovación de los documentos nacionales de identidad.
 
Retratos pintados por Florencio Maíllo.
Había ido declinando la tarde y era hora de regresar a La Alberca para recoger los equipajes en el hotel e iniciar la vuelta a los lugares habituales de residencia.
Nos fuimos despidiendo con la satisfacción de haber disfrutado una experiencia maravillosa en un paraje incomparable y en compañía de compañeros y amigos entrañables. Sólo quedaba esperar una próxima ocasión en la que volver a recorrer otros lugares y, a ser posible, con un número mayor de asistentes. De cualquier forma, más o menos numerosa la concurrencia, en todas y cada una de estas convivencias siempre ha estado y estará presente una premisa fundamental: fomentar y fortaleler el COMPAÑERISMO y la AMISTAD, no sólo entre los veteranos componentes de aquel Preu 68-69 en el colegio María Auxiliadora de Salamanca, sino también entre nuestras esposas, compañeras entusiastas e infatigables en las alegrías y sinsabores que nos ha ido deparando el destino día a día a lo largo de estos años.
En 2019 celebraremos nuestras Bodas de Oro; quedan, pues, solamente cinco años. No me cabe duda que María Auxiliadora hará honor a su advocación y nos echará una mano para que todos y cada uno, con nuestras respectivas familias, podamos disfrutar de la efemérides. Para el tiempo que resta hasta entonces, Paco Marcos, con la sabia asesoría y ayuda de Eladio, y Juan Prado ya están preparando nuevos eventos a los que acudir en 2014 y 2015. Seguro que en los mismos surgirán nuevas y sugestivas ideas para años venideros.

 
 
 
 
NOTA:
Las fotografías son de ROMÁN PAYO, JUAN ANTONIO PRADO y JUAN G. BARRADO.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
  
 
 
 




.