Alba de Tormes

Alba de Tormes
Vista de Alba de Tormes. Anton van den Wyngaerde, 1570.

jueves, 28 de mayo de 2015

CRÓNICA DE UN VIAJE A LA MONTAÑA PALENTINA. (3ª parte)

Del grupo original, unas cincuenta personas, que la mañana del sábado compartimos autobús para hacer el recorrido que los organizadores nos tenían perfectamente planificado, hubo quienes tuvieron que partir hacia sus lugares de residencia la misma tarde del sábado, otros unas horas después, al terminar el día, y algunos en la mañana del domingo; no obstante, ya en vehículos propios y con el equipaje en los maleteros, fuimos todavía más de la mitad los que pudimos seguir disfrutando del inolvidable fin de semana por tierras palentinas y cántabras.

IGLESIA-ERMITA DE SANTA CECILIA.- Aguilar de Campoo.



Tras desayunar en la Posada del monasterio y despedirnos de los compañeros que debían partir, así como de las personas que tan amable y cordialmente nos habían atendido durante nuestra estancia en la misma, la primera parada fue en la iglesia-ermita de Santa Cecilia, en la falda del peñasco de casi mil metros desde donde vigila y custodia la villa su castillo de origen medieval.




Orientado canónicamente, es un templo de tres naves y cabecera plana; junto a ésta, una torre de tres cuerpos con ventanales geminados en el superior y simples en el intermedio, todos con arcos de medio punto formados por dos arquivoltas, que apoyan en columnas de capiteles decorados con elementos vegetales y con arpías, y protegidos por guardapolvo.
En la fachada sur, bajo tejaroz y en cuerpo adelantado, la portada de acceso al interior es de arco apuntado sobre jambas, con arquivoltas decoradas con baquetones y medias cañas sobre columnas acodilladas, cuyos capiteles tienen decoración vegetal.





En el interior, el ábside de la nave central es cuadrado, como corresponde a la cabecera plana exterior; el arco triunfal, a su vez, doblado y apuntado, se apoya en espléndidos capiteles historiados.
Una pila bautismal de forma troncocónica, sin decorar, se sitúa en el ábside de la nave norte, también de testero recto; igualmente sin decoración alguna hay otra pila, en este caso benditera, cercana a la puerta de acceso al templo.
Curiosas son también una especie de hornacinas trilobuladas que se encuentran en el muro perimetral sur.




Lo más destacado, sin duda, es el capitel del lado del evangelio del arco triunfal, que muestra la Matanza de los Inocentes, uno de los más emblemáticos, posiblemente el primero, de todo el románico palentino. En la cesta aparecen cinco soldados ataviados con cota de malla, que deja ver los mantos por debajo de las rodillas, ejecutando a otros tantos niños ante la desesperación de sus madres, cuatro figuras, que presencian la escena.
En uno de los ángulos, Herodes, coronado y de pie, también está armado de espada, que clava en el costado de uno de los niños.
Completan la escena tres cabezas que aparecen en la parte superior de la cesta.
El ábaco también está muy decorado con elementos vegetales y dos cabezas de león en las esquinas.


El capitel del lado de la epístola no alcanza la misma plasticidad y movimiento, pero presenta una espléndida decoración de hojas de acanto y piñas en la cesta, así como numerosas arpías en el ábaco.



Otros capiteles historiados del templo seguramente no llegan al mismo nivel de calidad, pero también merecen ser reseñados.
El de la ilustración superior muestra la lucha de un infante contra un león, entre otras imágenes, y el de la inferior distintos personajes junto a un borrico, considerado por algunos expertos como la venta de José por sus hermanos, y un combate entre infantes, mientras que en el otro lateral parece representarse el sacrificio de Isaac.





A modo de conclusión, otras imágenes que se pueden contemplar también en la ermita; escudos de armas en uno de los muros perimetrales y en los sepulcros que se exponen en el interior del templo, así como algún tipo de juego epigrafiado, y, ya en el exterior, lo que parece una cruz de consagración, posiblemente reutilizada, ya que la cabecera recta sustituyó a una semicircular primitiva a causa de un derrumbe.

CANTABRIA.-

BOLMIR.- Iglesia de San Cipriano.





Una vez en Cantabria, en las cercanías de Reinosa, acudimos en primer lugar a Bolmir, cuya iglesia, bajo la advocación de San Cipriano, es de principios del siglo XII.
Llama la atención, al exterior, que la espadaña se eleva sobre un muro añadido en lugar de hacerlo, como es habitual, sobre el hastial de poniente, en cuyo eje se abre un ventanal con arco de medio punto que se apoya en columnas con capiteles decorados con águilas de alas abiertas.
La puerta de acceso al templo, protegida en su momento por un pórtico hoy desaparecido, se encuentra en la fachada sur; en cuerpo adelantado al muro, la cornisa del tejaroz está decorada con canecillos de variada decoración, al igual que el alero de toda la fachada.



La portada se compone de arco de medio punto y tres arquivoltas con el correspondiente guardapolvo, decorado con elementos vegetales; la arquivolta interior, baquetonada, se apoya en columnas de capiteles historiados que presentan, respectivamente, un águila con alas desplegadas y animales afrontados.
Bajo el alero, un relieve con dos animales que parecen luchar enconadamente; uno de ellos sujeta al otro con sus garras e intenta morderle el lomo.



A modo de ejemplo, estas dos ilustraciones muestran sendos canecillos situados, respectivamente, en la cornisa del tejaroz de la portada y en el alero de la fachada. En aquél, una cruz patada; en éste, un equilibrista. Otras representaciones en los dieciocho canecillos bajo el alero y los ocho bajo el tejaroz muestran diferentes animales, rollos, un tonel, diversos personajes, etc.



Casi todo el ábside semicircular y el tramo presbiteral recto que lo precede están encajados actualmente entre dos capillas laterales adosadas posteriormente.
También aquí una serie de canecillos soportan la cornisa; su decoración es muy variada, repitiendo alguna iconografía de los ya vistos en la fachada sur. Sobresalen, no obstante, las figuras obscenas, como mujeres sujetándose ambas piernas y mostrando su sexo o bien hombres itifálicos, que se representan igualmente en el alero de la fachada norte.



En el interior, el ábside semicircular se cubre con bóveda de horno que descansa en una imposta ajedrezada, mientras que el tramo recto presbiteral lo hace con bóveda de cañón; en el presbiterio se han abierto sendos arcos para acceder a las capillas laterales; también son ajedrezados los ábacos de los capiteles que soportan el arco triunfal de medio punto.
La decoración de las cestas de dichos capiteles se compone de dos parejas de animales afrontados, en el lado del evangelio, y hojas de acanto con volutas en el del lado de la epístola.


Aunque no presenta decoración alguna, no sobra dejar constancia también de la existencia de una pila bautismal en el interior del templo.

RETORTILLO.- Iglesia de Santa María.




Nuestro siguiente destino fue Retortillo, localidad a menos de una legua de Reinosa; allí, sobre los restos de la ciudad romana de Julióbriga, fundada entre los años 15 y 13 a. C., al final de las Guerras Cántabras que Augusto sostuvo con las tribus autóctonas, se eleva la iglesia románica de Santa María.
Edificada en el románico pleno y orientada canónicamente, es de nave única más baja que la cabecera, cuyo ábside es semicircular y está precedido de tramo recto en el presbiterio.




Una imposta decorada con motivos florales divide el ábside, delimitado por poderosos contrafuertes, en dos cuerpos, al tiempo que sendas pilastras, sobre las que se apoyan columnas dobles que llegan hasta la cornisa, lo hace en tres calles.
En cada una de dichas calles se abre un ventanal abocinado, más elaborado el central, cuyo guardapolvo presenta decoración de flores inscritas en círculos. Los capiteles, por su parte, están decorados con distintos animales, tales como los dos gallos afrontados de la ilustración superior.





La puerta de acceso a la iglesia se halla en la fachada meridional; está compuesta de tres arquivoltas de medio punto sin decorar que asientan sobre una imposta decorada con panal de abeja, la cual discurre por encima de las jambas rectas.
Encima de la puerta hay un tímpano sobre cuyo origen existen distintas versiones; procedería de una iglesia anterior sobre la que se levantó la actual o bien estaría situado en la puerta principal de este mismo templo, en su fachada occidental, que quedaría oculta al levantar la escalera que sube a la espadaña. En cualquier caso, contiene dos animales fantásticos, ambos alados y con cuerpo de león, que parecen saludarse entrelazando una de sus patas delanteras; las cabezas, en cambio, son diferentes, pues mientras una parece ser de ave, la otra pudiera ser, tal vez, de oso o de león. Encima de ellos, dos ángeles sostienen una gran cruz latina.
Sobre el tímpano, en una hornacina, la imagen en pie de la Virgen con el Niño en brazos; parece estar sobre una masa de nubes de la que surgen tres cabezas de pequeños ángeles.



A la espadaña, situada en el hastial occidental, se accede por una escalera exterior, cuya construcción ocultó tanto la fachada como el acceso al templo que se abría en la misma.
En el cuerpo de campanas se abren dos vanos de medio punto, mientras que en el piñón hay solamente uno más pequeño. Esta espadaña es muy similar, tanto en estructura como en ubicación, a la de la iglesia de San Cipriano de Bolmir que acabábamos de visitar.



La decoración escultórica interior fue una sorpresa extraordinaria, al menos para mi, porque en absoluto esperaba encontrar una obra así en esta iglesia; lástima las humedades que parecen estar haciendo estragos.
Dos parejas de arcos ciegos de medio punto, con baquetones y guardapolvo ajedrezado, se apoyan en columnas cuyos capiteles están decorados con motivos vegetales, geométricos y figurados; animales que pudieran ser aves y leones, respectivamente, en el encuentro de los arcos dobles, destacando sobremanera una bellísima imposta decorada con flores cuatripétalas inscritas en círculos.




En las ilustraciones superiores, una muestra de los capiteles y de los cimacios, también exquisitamente decorados, que sirven de soporte a los arcos dobles.
Por destacar alguno, tal vez este último sea el más llamativo; un personaje con sus manos apoyadas en el vientre se sitúa en el centro del capitel, a cuyos costados aparecen dos leones que le están colocando sobre el pecho una de sus garras, aunque la sensación es de no agresión, por lo que algunos expertos han visto en él una versión de Daniel en el foso de los leones.




El ábside se cubre, como es tradicional, con bóveda de horno o cuarto de esfera y el presbiterio con bóveda de cañón ligeramente apuntada; la nave ha perdido la cubierta pétrea, sustituida por otra moderna.
Pero lo que más llama la atención es la extraordinaria labra de los capiteles del arco triunfal; en uno se representan dos jinetes combatiendo, uno con cota de malla, casco, escudo y lanza, mientras el otro está descubierto, maneja una espada y su escudo redondo es perforado por la lanza del contrincante. Parece claro que se quiere representar la victoria del caballero cristiano sobre su enemigo sarraceno.
Al otro lado también aparecen dos caballeros enfrentados, ambos armados de espada, con escudo y protegidos con cota de malla, aunque en este caso una dama media entre ellos sujetando las riendas de sus monturas; es una representación de la denominada Paz o Tregua de Dios, como ya hemos visto en algunas otras de las iglesias visitadas.
Tanto en uno como en otro destaca la minuciosa labra no sólo de la decoración vegetal, sino especialmente de las figuras de caballeros y monturas; me llaman poderosamente la atención las cabezas de los caballos, trabajadas con todo detalle.




Hacer mención también de una pila bautismal muy sencilla, sin decorar, de forma casi cilíndrica sobre base circular. Muy cerca de ésta se sitúa lo que parece ser una pila de agua bendita, igualmente con base circular, encima de la cual se apoya un plinto que, a su vez, soporta un pedestal decorado con elementos vegetales y, sobre éste, la pila sin decorar; curiosamente, en su interior, se expone lo que parece ser una cruz procesional.
Otra pila benditera, en este caso para cumplir sus funciones propias, está soportada por una columna de fuste liso sobre plinto y capitel decorado con motivos geométricos y vegetales.



Para finalizar el recorrido por el interior, señalar dos imágenes devocionales de las que se veneran en esta iglesia; una, por representar a Santa María, advocación titular del templo, con el Niño en brazos; la otra, porque de siempre he sentido especial predilección por la Triple Generación o Santa Ana Triple y no me resisto a incluirla cuando se presenta la oportunidad.


Como despedida de la romana Iuliobriga nada mejor que una instantánea donde se refleje el maravilloso entorno de este idílico lugar.

VILLACANTID.- Iglesia de Santa María la Mayor, hoy Centro de Interpretación del Románico de Cantabria.





Construida esta iglesia a finales del siglo XII, son pocos los restos de su factura original; en el exterior, el ábside y la portada, en su día orientada al mediodía y hoy al este, adosada al muro sur del presbiterio, donde se trasladó en el siglo XVII; en el interior, el ábside y el arco triunfal.
El ábside tiene dos cuerpos separados por imposta y tres calles delimitadas por columnas geminadas; la cornisa está soportada por distintos canecillos y por los capiteles de las columnas antes mencionadas. En la calle central se abre un ventanal con arco de medio punto decorado con dientes de sierra al que protege un guardapolvo cuya decoración ya hemos visto en otras localidades, a base de flores de cuatro pétalos inscritas en círculos. Las columnas tienen fustes muy originales, con molduras que conforman dientes de sierra, y capiteles figurados.
En el hastial occidental se construyó una torre campanario en la restauración del siglo XVII, cuando se realizó el traslado de la puerta de acceso.



Los capiteles de las columnas del vano absidal muestran, respectivamente, dos leones rampantes y afrontados que se muerden su propia cola y dos animales fantásticos del bestiario medieval, igualmente afrontados, que podrían ser grifos por su cuerpo de león alado, aunque más que cabeza de águila parecen lucir una especie de cresta o cuerno en la misma.



Los capiteles de las columnas pareadas son igualmente llamativos; en la ilustración superior, ambos capiteles forman una única escena que, pese a su deterioro, parece representar la caza del oso, ya que se aprecian personajes que acosan con armas al animal así como perros que le muerden el lomo.
En el otro par de columnas aparecen, por contra, dos escenas distintas; en uno Sansón está desquijarando al león, mientras otra figura con faldellín, posiblemente Dalila, parece que trata de cortar su melena. En el capitel de la otra columna se representa la lucha entre jinetes, ya vista y comentada en distintas ocasiones y lugares durante este fin de semana.




El interior está dedicado actualmente a Centro de Interpretación; del primitivo templo románico conserva la cabecera, con ábside semicircular cubierto con bóveda de cuarto de esfera y tramo presbiteral, cuya bóveda es de cañón apuntado. Se aprecian restos de pintura en el cascarón, pero son de época posterior.
Lo más destacado son los capiteles del arco triunfal; el del lado del evangelio muestra una vez más la Paz o Tregua de Dios, lucha entre caballeros con una dama como mediadora o intercesora entre ellos; en el ábaco las igualmente conocidas flores cuatripétalas inscritas en círculos.
En el del lado de la epístola aparecen representados dos grifos a los que están mordiendo el vientre unas serpientes, labradas a los costados del capitel; el ábaco se decora en esta ocasión con un entrelazado.



Como muestra de las obras que se exponen en el Centro de Interpretación estas dos de las ilustraciones superiores; se pueden ver también una serie de paneles informativos muy interesantes en relación con la iconografía románica, la descripción de un templo, las pilas bautismales o la pintura mural de las cabeceras, entre otros temas, así como réplicas de capiteles y canecillos de las iglesias más emblemáticas del románico cántabro.


Antes de abandonar Villacantid buscando nuestro próximo destino, Cervatos, una muestra de la abundante nieve que cubría las montañas cercanas como consecuencia del último temporal que había sacudido en días anteriores esta comarca; bien es verdad que tuvimos una enorme suerte y durante todo el fin de semana disfrutamos de un sol espléndido y de unas temperaturas inimaginables pocas horas antes de acudir a la montaña palentina.

CERVATOS.- Colegiata de San Pedro.




La colegiata de San Pedro es una construcción del siglo XII ubicada en la localidad de Cervatos, aproximadamente una legua al sur de Reinosa; fue consagrada por el obispo Marín o Marino, siendo abad Martín, a finales de siglo, concretamente en 1199 (era MCCXXXVII), tal como señala una inscripción situada a un costado de la portada meridional.
Es el máximo exponente de lo que se ha dado en llamar "románico erótico cántabro" debido a la gran proliferación de canecillos y metopas de manifiesto contenido sexual; aunque no es infrecuente en distintos templos románicos representaciones relacionadas con el pecado de la lujuria, acompañadas en muchos casos con otras de los castigos a los que se enfrentarán los pecadores, aquí, por contra, sólo parece que presenten situaciones o escenas de la vida diaria en una comunidad medieval, sin relación alguna con la consabida función divulgativa y educativa para gentes iletradas.





Del exterior del templo vamos a fijarnos en tres elementos concretos: ábside, torre y portada meridional.
Aquél se eleva sobre un basamento necesario para salvar el desnivel del terreno; está dividido en dos cuerpos, por una imposta ajedrezada, y en tres calles, por contrafuertes que en el cuerpo superior pasan a ser columnas. En cada una de las calles se abre un vano con arco de medio punto, que se apoya en columnas con capiteles historiados en unos casos y con decoración vegetal o geométrica en otros, y chambrana ajedrezada, como prolongación de la imposta.
La torre prismática se sitúa en la parte norte del hastial occidental; dividida en tres cuerpos por impostas ajedrezadas o abilletadas, los dos superiores presentan, respectivamente, tres arcos apuntados ciegos separados y sostenidos por columnas con capiteles decorados el intermedio, y dos vanos de arcos igualmente apuntados el superior. En alguna de las caras, el arco medio ciego se ha sustituido por un vano en el que se ha colocado una campana, al igual que en los dos vanos del cuerpo superior.
A mediodía, en un cuerpo que sobresale del muro de la fachada y cubierta por un tejaroz está la puerta de acceso a la iglesia. La conforman arquivoltas con moldura de bocel, que apoyan en columnas con capiteles historiados y jambas alternativamente, protegidas por chambrana o guardapolvo con decoración vegetal que forma una especie de cadena. Bajo arquivolta de medio punto también abocelada, el tímpano está profusamente decorado con elementos vegetales entrelazados que le confieren aspecto de celosía; se apoya en un dintel con tres parejas de leones afrontados, que a su vez lo hace sobre otro con idéntica decoración a la del tímpano.



En las enjutas de la portada se han colocado seis relieves, tres a cada lado, todos muy erosionados; no obstante, se pueden aún distinguir las distintas representaciones.
En las ilustraciones de arriba, las correspondientes a un ángel (hay quien ve un clérigo con sus vestiduras sacerdotales) y a San Pedro, con báculo en una mano y las llaves en la otra.




El tejaroz está soportado por trece canecillos, entre los que se han incrustado distintas metopas; los de la ilustración superior representan a un saltimbanqui o equilibrista y a un músico tocando el arpa; en la media, la cabeza no sé bien si de un jabalí o de un carnero y un personaje o animal colgado de una barra; en la inferior, una figura itifálica de rostro deforme y una mujer mostrando su sexo.



Por encima del tejaroz discurre la cornisa que está sostenida por más de veinte canecillos; personajes itifálicos de rostros simiescos, músicos, rollos, etc. están aquí representados.
Por destacar uno, lo que algunos denominan "el pulpo", posiblemente una bola cubierta con una especie de caperuza junto a motivos vegetales que le dan ese aspecto tan singular.



Posiblemente sea en el alero de ábside y presbiterio donde los maestros canteros dejaron la muestra más explícita del ya mencionado románico erótico montañés.
En la ilustración superior, que corresponde a la calle central del ábside, una pareja fornicando, una mujer pariendo, un macho cabrío y un personaje que parece lanzar una bola.
En la inferior, una mujer eleva sus piernas con los tobillos a la altura de la cabeza mostrando su sexo, mientras a su lado un personaje itifálico sentado o en cuclillas coloca su mano izquierda en el pecho.



No obstante, y como es natural, también los canteros se ocuparon de otros temas en los canecillos y capiteles. Si nos ceñimos a los motivos aquí representados serían los siguientes: arriba, en la parte sur del presbiterio, un músico tocando el arpa, un personaje que bebe de un tonel o bidón y lo que podría ser un equilibrista o saltimbanqui; en el capitel, distintos animales, algunos encima de otros, que parecen leones.
Abajo, en la calle norte del ábside, varios rollos o toneles sobre una cabeza y, a su lado, lo que semeja una cabra.



En la calle sur del ábside se abre un ventanal con arco de medio punto sobre el que discurre, a modo de chambrana, la imposta ajedrezada que divide aquél en dos cuerpos.
Presenta una arquivolta baquetonada, decorada con bolas y una especie de cadena, que apoya en columnas cuyos capiteles son historiados y tienen los ábacos muy decorados igualmente a base de palmetas y entrelazos.
En la cesta de la izquierda del espectador, una mujer con toca adopta la misma postura ya vista en algunos canecillos, elevando las piernas y colocando los pies a la altura de la cabeza para mostrar descarada y explícitamente su vulva. La cesta del otro lado muestra a un varón con las manos en la cabeza y un miembro viril desproporcionado.



En la fachada sur, a ambos lados de la portada, se abren también ventanales con arcos de medio punto. El situado a los pies del muro, a occidente, repite idéntica decoración en las cestas de sus capiteles, aunque en esta ocasión con la mujer a la derecha del espectador y el hombre a la izquierda. No obstante, son obra de distinta mano, ya que éstos evidencian peor factura que aquéllos.
A oriente de la portada, el vano tiene la consabida arquivolta baquetonada apoyando en capiteles con grandes ábacos decorados con elementos vegetales y chambrana con palmetas y entrelazos; las cestas, en este ventanal, presentan parejas de animales.




Una vez en el interior, la cabecera ofrece una particularidad no sólo respecto a los otros templos visitados durante el fin de semana, sino a todos aquellos que conozco. Separando el ábside del presbiterio hay un arco apoyado en los capiteles de sendas columnitas, que a su vez descargan en ménsulas prismáticas decoradas.
Una de estas ménsulas, desde dos puntos de vista diferentes, es la que aparece en las ilustraciones; está decorada con la escena de San Miguel, el arcángel jefe de los ejércitos celestiales, alanceando al dragón, siíbolo de Lucifer, líder de los ángeles caídos. La otra se decora con elementos vegetales.
La cabecera en conjunto es magnífica; el ábside semicircular se cubre con bóveda de horno y el presbiterio con bóveda de cañón. Tanto uno como otro están recorridos por dos impostas ajedrezadas que conforman tres cuerpos; en el inferior una arquería ciega formada por diez arcos de medio punto que apoyan en capiteles figurados y vegetales; en el intermedio, tres ventanales igualmente con arco de medio punto.



El arco triunfal es de medio punto doblado; los ábacos de los capiteles están decorados con palmetas entrelazadas, que ya hemos visto en otros lugares de esta misma iglesia, como el tímpano de la puerta de acceso, por ejemplo.
En las cestas, respectivamente, águilas con las alas abiertas, motivo igualmente repetido, y animales afrontados y superpuestos en varios niveles, por encima de los cuales aparecen cabezas humanas.



Los capiteles de las pequeñas columnas sobre ménsulas ofrecen la misma decoración de palmetas y entrelazos en ambos ábacos; las cestas se decoran, respectivamente, con águilas de alas abiertas, en este caso sujetando leones o felinos entre sus garras, y con animales afrontados unos encima de otros en dos niveles, sobre los que aparece una decoración muy característica, repetida con asiduidad en muchos capiteles, a base de volutas o elementos vegetales que se curvan formando una espiral en su extremo.




Los once capiteles que adornan y sostienen los arcos ciegos están muy elaborados; todos sus ábacos presentan la misma decoración de palmetas y entrelazos que tanto se prodiga en el templo.
En cuanto a los temas de las cestas, una parte se muestra en las ilustraciones superiores; en el primer mosaico, dos leones afrontados con una cabeza humana entre sus patas delanteras y dos parejas de aves también afrontadas; en ambos, entre las figuras y el ábaco, la decoración ya citada que se curva en espiral al extremo. Corresponden a los dos primeros capiteles comenzando por el lado del evangelio.
El segundo mosaico está formado por los capiteles cuarto y quinto; en aquél, dos serpientes muerden los pechos de una mujer en el lado izquierdo, mientras en la otra esquina está representada la figura de San Pedro, con báculo y llaves; entre ambas escenas, tres cabezas humanas superpuestas. En el otro, varias cintas forman un laberíntico entrelazado.
El último mosaico, correspondiente a los capiteles seis y diez, muestra, respectivamente, dos pares de leones afrontados sobre los que se ven siete cabezas humanas y la consabida voluta o espiral sobre ellas; en el otro, también dos parejas de leones afrontados, aunque en esta ocasión el fondo es vegetal. En los sillares contiguos a los capiteles se aprecian algunas marcas de cantero.



Los capiteles de las columnas que sostienen el altar mayor repiten motivos iconográficos ya vistos, aunque da la sensación de no ser de factura medieval, sino reciente.
También se puede contemplar una pila bautismal en una estancia con acceso desde la nave.




Por último, dejar constancia también de otros trabajos no de cantería que se pueden admirar en el interior de la antigua colegiata, tales como un altar, al que pertenece el detalle de la última ilustración, presidido por un Crucificado barroco, y como una preciosa imagen de María Inmaculada que allí recibe veneración.

Epílogo.-
Habíamos aprovechado notablemente también la mañana del domingo, a lo largo de la cual algunos compañeros nos fueron dejando para no llegar demasiado tarde a su residencia habitual; los que aún quedábamos, estaba previsto comer en un restaurante de Aguilar y allí dar por terminado este I Encuentro de 2015.
De la comida y la subsiguiente despedida hay suficiente información gráfica en los álbumes correspondientes a este evento en la página de Castilla y León Románica, por lo que remito allí a los posibles interesados y así no resulta este relato interminable.
Antes de finalizar, quiero expresar una vez más mi gratitud y reconocimiento al trabajo y excelente labor organizativa de los promotores, Juan Jesús, nuestro administrador y fundador del grupo, Sergio y Cristina. También a todos los asistentes, que hicieron amena y agradabilísima nuestra estancia en tierras del norte palentino, a la espera de una nueva ocasión para revivir experiencias en cualquier otro lugar de la geografía castellano-leonesa.




Fuentes.-

http://www.castillodeloarre.org/Cantabria.htm
http://www.romanicoenruta.com/cantabria/cantabriaruta05.htm
http://www.arteguias.com/iglesia/santamariaretortillo.htm